Igort Bobbarinski. Cosmetólogo de las estrellas

Vestido con un atuendo hiperoriginal y coronada su cabeza con una vincha llena de plumas y oro macizo, el nuevo look del cosmetólogo de moda impone una presencia pocas veces vista. Igort Bobarinski actualmente es el profesional más codiciado en su rubro y hoy nos recibe en su loft de la Avenida de Mayo, en Ramos Mejía.

Apenas ingresamos nos quedamos sorprendidos por la magnificencia del lugar: un ambiente amplio pero cálido; acogedor, lleno del glamour y creatividad que solo puede surgir en una personalidad como la de Igort Bobarinski. Envidiable.

Las paredes están recubiertas de lujosos estantes en los que se cobijan aceites de belleza y cosméticos de alta gama, entremezclados con fotos de famosos de todas las épocas; y amontonadas en el sillón encontramos varias revistas cosméticas españolas, suecas o peruanas, así como otras de moda, entre ellas Mondowebo Magazin.

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Igort, el deseado de los famosos, desplegando su colorida alegría.

Lo primero que pedimos es una sesión de glamour. Lo segundo, que nos saquemos unas fotos con la inconfundible onda de Igort. Nuestro anfitrión accede a ambos pedidos, así que, primeramente, nos dirigimos a su taller químico, donde Igort me confiesa que confecciona sus propios cosméticos, y donde nos prepararemos para las fotos.

“Soy cosmetiquero” nos dice Igort con tono de elegido.

Mientras charlamos como si fuésemos grandes amigues, Igort desenfunda una cera nauseabunda y negra, con la cual de inmediato comienza a untarme los párpados. Entonces cierro los ojos y me dejo llevar. El producto huele como a a miel y su textura es similar al barro. No se lo digo, pero me da escalofríos, además de un poquito de asco. Luego me enjuaga con agua de cacahuetes y salmuera.

Al abrir los ojos, de pronto, puedo comprobar que veo todo color de rosa. Y corroboro por mí misma, en efecto, que Igort es un mago y creo que realmente es capaz de cambiar la realidad o, al menos, de maquillarla.

Pero no termina todo allí mismo. A continuación, Bobarinski arremetió con mi cabello y comenzó a tallarlo con unas tijeras de mano afiladas, sin embargo no muy limpias (con las mismas lo he visto cortar el pollo que comimos ese mediodía).

“Te voy a hacer el corte de moda” me dijo sonriendo.

Luego, sin mediar palabra, me injertó algunos pelos sintéticos sobre la frente y algunos más en la nariz y sobre las orejas. Un amigo de Igort, venido de la Grecia Antigua, se acercó semidesnudo y aportó un toque de brillo a mis mechones, los cuales quedaron sedosos, esponjosos, majestuosos. Hizo todo con la boca, porque no tiene manos, pobrecito.

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Amigo de Igort, un griego antiguo.

A continuación salimos al patio a tomar un exquisito té de coco, preparado por Augusta, la servicial compañera de Igort, su futura segunda exesposa. Allí aprovechamos la luz de un sol radiante y cuasi psicodélico para tomarnos algunas fotos exclusivas para la web.

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Lashonda renovada

Después de esta agotadora, aunque muy placentera sesión, ya en la calle, Igort nos acompañó hasta la estación de trenes de Ramos Mejía y antes de despedirse, con la cabeza bien alta, nos gritó:

“Tengan una vida más bella, ya saben, solo tienen que usar mis productos químicos”

Es triste decirlo, pero la realidad es que gracias a los productos químicos de Igort Bobarinski, hoy puedo distinguir entre el azul y el verde. Además, me quedo más linda que una flor y no tengo que usar lentes de contacto para que mis ojos sean como los de un gatito. Y lo mejor de todo es que me siento más poderosa.

Asi fue, un día en la vida de igort Bobarinski, el cosmetólogo de las estrellas toptop.

SolienMondiweeebO

Soy amante del estilo de música rap y de la moda veraniega, aunque también me gusta la nieve y la lectura de un buen libro junto a una taza de té ¿no se nota? Cuando puedo escribo para mondowebo.com y, cuando no, estoy disfrutando de la vida junto a mis mascotas: un catcher enano y una cigüeña de dos picos. Ah.. del periodismo me interesa todo lo social. ¡Disfruten de la vida! ¿ya se los había dicho? es lo que suelo hacer desde que me divorcié y me va muy bien. ¡Los quiero!

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